Covid-19. Biopolítica, Contagio y Big Data
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Covid-19. Biopolítica, Contagio y Big Data

Portada:  Grafo del término coronavirus. Elaborado por Signa_Lab.



Bit_ácora COVID-19.

Biopolítica, Contagio y Big Data



por Víctor Hugo Ábrego

Coordinador de Ciencias de la Comunicación y Coordinador Ejecutivo en @Signa_Lab,

con la colaboración de todo el equipo del Laboratorio

26 marzo, 2020





El COVID-19 es un fenómeno global que atraviesa élites y periferias, empresas locales y transnacionales, gobiernos nacionales y continentes e identidades tanto hegemónicas como contestatarias. Sin embargo, su condición de posibilidad planetaria no representa  un piso parejo a todas las personas. Aunque el virus es capaz de enfermar a cualquiera, son las condiciones de asimetrías y brutales desigualdades tanto entre naciones como al interior de estas naciones, las que reparten y aumentan el riesgo de modo desigual en esta pandemia que representa un llamado de atención sobre el capitalismo contemporáneo.

Los contagios y su acelerada curva provienen, en un primer momento, de grupos minoritarios con alta movilidad internacional, bien por turismo o por trabajo; sin embargo, las fases de la pandemia que siguen a esta primera etapa de “importación” permiten suponer (como ya sucede en el caso de Italia y España) que los sectores más vulnerables serán no solamente aquellos delimitados por razones biológicas (edad, estado de salud), sino por factores estructurales que marcan accesos diferenciales a servicios de salud, servicios públicos, agua potable, etc. Se trata en lo inmediato de grupos sociales ya de por sí desprotegidos, y que ahora tampoco tienen (ni tendrán) las mismas posibilidades de, por ejemplo,  permanecer en casa para disminuir las posibilidades de contagio.

De hecho, quizá sea justo la afectación de la supuesta inmunidad de las élites (ya hay miembros de gabinetes, deportistas, cantantes  y estrellas de Hollywood contagiadas), lo que incrementa la alarma mundial: nadie está a salvo. No es que no existan otras catástrofes globales (económicas, de raza, género, etc.) que sean mucho más violentas que el COVID-19, contra grupos específicos, sino que esta es una pandemia que, por decirlo de algún modo, democratiza la vulnerabilidad, pero mantiene la diferenciación desigual en el curso y resultado de la enfermedad.

A continuación se proponen tres ejes analíticos para comprender las implicaciones políticas, culturales, económicas y sociales de la propagación del virus COVID-19 no sólo como pandemia sino como significado en construcción.







El sujeto inerme



La medida sanitaria, tomada a nivel global, de separar a los cuerpos para evitar el contagio del virus produce también condiciones para la normalización del imaginario de un “ciudadano” inerme frente a las decisiones políticas de los gobiernos nacionales ante la crisis sanitaria. Los mismos gobiernos que, en muchos casos a nivel global, han cedido al mercado su capacidad de regulación de las condiciones básicas de vida digna de las personas, quedan aún más débiles dando por sentada la crisis por venir, sin poner en la mesa siquiera un señalamiento a las empresas más beneficiadas por las desigualdades económicas para que éstas tomen algo de la responsabilidad.

Nube de palabras. 504 palabras con mayor frecuencia que aparecen en los tuits que utilizaron los términos ALSEA o @StarbucksMex. Descarga de 141,280 Tuits, del 20 al 26 de marzo de 2020. Elaborado por Signa_Lab.

Toda vez que el relato dominante que circula ahora en los circuitos de información es, por un lado, el de la parálisis ante las muertes que está dejando y dejará a su paso el virus y, por otro, el de la devastación de todas las condiciones de vida que dejará el derrumbe económico post-COVID19, nos enfrentamos a la reducción preocupante de la incidencia de pensamientos críticos que coadyuven a la construcción de sentidos compartidos en torno a la centralidad de la vida, de la solidaridad y la defensa de los Derechos Humanos. La reducción del espacio público, derivada de las medidas de aislamiento social, vuelve imposibles las formas organizativas presenciales; de ahí la importancia de articular lo digital para impulsar otras formas de comprensión y acción solidaria, en un contexto donde la saturación de información vuelve muy difícil colocar el sentido de la pandemia fuera de un marco exclusivamente economicista.

Las preguntas que quedan son:



  • ¿Para qué escenario se nos está preparando si el encuadre de la pandemia apunta, sobre todo, a una crisis económica descomunal que suprime las posibilidades de pensar en opciones de políticas públicas que no sean las que el mercado obligue a los gobiernos a tomar?
  • ¿Qué permisos sobre la vida, esto es, sobre los espacios de experiencia social y los modos de estar juntos, estamos delegando a los gobiernos desde ahora?
  • ¿Qué espacios de intercambio de ideas es necesario habilitar para pensar en la incidencia pública de discursos que no estén a expensas de la lógica punitiva del mercado y las disposiciones reactivas de muchos gobiernos?







Aceleración, propagación y contagio

La propagación de información acerca del COVID-19 es aún más acelerada que la propagación del virus en los cuerpos. Esta aceleración alimenta una dinámica comunicativa que parte, en algunos casos, de la falta de filtros necesarios para negociar el sentido de la información que la gente consume.

Grafos de relaciones de HT a HT y Usuario a HT, del término coronavid19 y del hashtag #covid_19mx. Elaborado por Signa_Lab.

La noción con la que hemos aprendido a nombrar los acontecimientos que irrumpen de golpe en la agenda pública y llaman la atención de grandes porciones de las poblaciones en poco tiempo a través de nuestro acceso permanente a las redes sociodigitales es la de “eventos virales”. La aceleración que alcanza la producción, distribución y consumo de información hoy en día es tal, que vivimos en una suerte de “régimen live stream” (Valencia, 2018) que suprime las posibilidades de filtración crítica de ciertos contenidos a los que accedemos en el día a día por uno u otro canal, y también suprime las posibilidades de no quedar expuesto hasta la saturación al evento viral en turno. Así, la integración de temas a la vida pública se da a partir de la dinámica incontrolable, en muchos casos ininteligible, e impredecible del contagio.





Datificación del virus

La llegada del Coronavirus ha sido el permiso último para que empresas y gobiernos hagan uso indiscriminado de cantidades enormes de datos personales y para la implantación de un régimen de vigilancia digital total en algunos países de Asia. Es muy posible pensar que la sistematización del registro de la experiencia online de millones de personas durante estos meses no sólo será utilizada para la prevención y control del virus sino para ampliar las posibilidades de control de lo posible a través de algoritmos que generen y amplíen, al menos, sesgos socioeconómicos (quién tendrá acceso a qué beneficios durante y después de la crisis) y políticos (qué visión de presente y futuro se pondrá más en circulación en los circuitos comunicativos).

Sin embargo, es necesario pensar en la utilización crítica de los datos que están siendo producidos a nivel global sobre el Coronavirus. Estos datos pueden ser utilizados también para:

  • La creación de mapas que visibilicen las capacidades de reacción e infraestructura de estados nación alrededor del mundo para prevenir un mayor número de fallecimientos.
  • La generación de líneas de tiempo para identificar los cuellos de botella informativos, que saturan de datos a las audiencias pero únicamente para alimentar la incertidumbre y abrir paso a nuevas medidas de control social, durante y después de la crisis.
  • Evidenciar el papel de los algoritmos que en ocasiones pueden llegar a orientar las búsquedas de información de millones de personas, a partir más de la velocidad con la que circulan notas e informes sobre el virus, que del rigor en dicha información. El contexto actual muestra el límite de la lógica comercial de los sesgos algorítmicos. Se necesitan otros filtros que no sean únicamente el de la velocidad y el del mayor número de clics dados a un enlace para que éste sea preponderante frente a otros.
  • Pensar en quiénes están generando los datos sobre el Coronavirus, y en manos de quiénes también deberían estar esos datos (universidades, medios independientes, laboratorios e investigadorxs), para ser visualizados y analizados de manera crítica.
  • Intervenir el imaginario de la catástrofe como única opción post-COVID19 a través de la generación de modelos de redistribución de los recursos a nivel global y nacional.











Referencias:



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